Escribir Memorias

Escribir memorias: Tres mitos desmitificados

Escribir memorias se ha puesto de moda. Es posible que tú también te estés planteando escribir las tuyas o ya hayas empezado. Quizás quieras dejar un legado a tus hijos y nietos. O sientas la necesidad de entender mejor tu trayectoria y creas que escribiendo la historia de tu vida lo conseguirás. Es posible que aspires a escribir unas memorias literarias, con calidad y estilo similares a los de una novela.

Todas son excelentes opciones. Pero ten en cuenta que la mayoría de las personas que se plantean escribir sus memorias, se topan con algunos mitos que les dificultan el camino.

Aquí te cuento cuáles son tres mitos comunes sobre la temática de escribir memorias, para desmitificarlos.

Mito 1: Mi historia no es interesante

La escritora norteamericana Flannery O’Connor lo dijo muy bien:

“Cualquier persona que haya sobrevivido su infancia tiene suficiente material para escribir durante el resto de su vida.”

No hace falta ser millonario ni famoso para escribir memorias interesantes. Las experiencias emocionales que te han impactado profundamente, cuando las cuentas bien, con lujo de detalles sensoriales y autenticidad, pueden producir un impacto similar en el lector.

Ve tirando de la hebra hasta desenredar el ovillo.

Piensa en tu pasado: ¿Qué momentos recuerdas vívidamente? Empieza por ahí y ve tirando de la hebra hasta desenredar el ovillo.

Muchos escritores de memorias reconocidos aconsejan lo siguiente: Escribe sobre lo que más miedo te da. Aquellas cosas que no le cuentas a nadie, porque te da vergüenza que se sepan, o son demasiado dolorosas.

Cuando empiezas por ahí, por tu verdad más profunda y oculta, tu lector nota la intensidad de tus emociones y, si sabes transmitirlas bien, las comparte.

Mito 2: Es la verdad, así sucedió

escribir memorias

Todo es del color del cristal con que se mira.

Dice el refrán que todo es del color del cristal con que se mira, y es muy cierto. Cuando hablamos de memorias, la verdad es escurridiza. Esto es por tres motivos fundamentales:

  • La memoria es traicionera. Si, como ha demostrado la investigación, solo retenemos el 50% de lo que oímos inmediatamente después de oírlo, ¡imagínate qué poco retenemos del pasado lejano! Recordamos las experiencias que más nos afectaron, pero no a la perfección. Por ejemplo, quizás recuerdes la expresión de tu padre en un momento traumático, pero no lo que te dijo. Tus recuerdos siempre serán parciales. Al escribir memorias, tendrás que reconstruirlos lo mejor posible. Una táctica es recrear diálogos con palabras inventadas, pero que reflejen fielmente la verdad emocional de aquel momento.
  • La memoria es selectiva, y las memorias escritas aún más. Si reúnes a tres personas que vivieron el mismo acontecimiento hace unos años y les preguntas qué pasó, cada una te contará una historia algo distinta. Además, cuando escribes tus memorias, el mero hecho de elegir unos recuerdos en vez de otros, ya implica que estás imponiendo tu propio punto de vista sobre lo que pasó.
  • No existe “la verdad”, solo “tu verdad”. Nunca puedes saber lo que está en la cabeza de otra persona. A lo mejor tú recuerdas una escena en la que tu hermana fue cruel contigo: te prohibió hacer algo inofensivo y te hizo daño en un brazo. Pero tu hermana recuerda la misma escena completamente distinta: tú estabas desobedeciendo y poniéndote en una situación de peligro, y ella te agarró del brazo para protegerte. Por eso, al escribir memorias, es importante dejar siempre clara la naturaleza subjetiva de la historia. Es tu vida, desde tu punto de vista, desde tus recuerdos y desde tus interpretaciones, muy personales, de lo que sucedió.

Mito 3: Tengo que contarlo todo

Unas memorias NO son un diario.

Unas memorias no son un diario. No es necesario contar absolutamente todo lo que recuerdas de tu vida, porque resultaría aburrido para el lector.

Es mejor entresacar solo los momentos clave y armar con ellos escenas interesantes.

Por ejemplo, digamos que lo más significativo de tus años escolares es el hecho de que te acosaban y eso te traumatizó. Puedes iniciar un capítulo con un resumen de tus años escolares que nos den una idea de la escuela y el ambiente. Una o dos páginas a lo sumo. Después te metes en tu tema, el acoso escolar, y dedicas todo el resto del capítulo a esto.

No expliques veinte situaciones de acoso. Resume las veinte instancias de acoso escolar en una escena o dos muy bien explicadas y tendrá mucho más impacto.

Tu objetivo es que los lectores quieran seguir leyendo, y para eso debes seleccionar qué recuerdos usar cuidadosamente. Escribir memorias no es una tarea fácil, pero sé por experiencia que te producirá una enorme satisfacción haberlo hecho. ¡Anímate!

Cada escena ha de ser un mojón en el camino que nos lleve al destino final: entender qué te ha hecho la persona que eres hoy.