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La verdad desnuda en las memorias

Miedo a decir la verdad

Casi todas las personas que escriben memorias sienten la misma preocupación: si cuento lo que de veras sucedió, mi familia (o mi ex-marido, o mi amiga) nunca me lo perdonará. De hecho, esta preocupación puede convertirse en un miedo que te paraliza y coarta tu impulso de escribir la historia de tu vida.

Es un temor bien fundado porque muchas memorias se basan en un trauma: en haberlo vivido, haber sufrido las consecuencias y haberlo superado.

Cuando la gente que causó tu trauma todavía forma parte de tu vida —como suele suceder cuando se trata de tu familia— debes considerar el efecto que decir la verdad puede tener en ellos y en su relación contigo. Si no te importan en absoluto, quizás sacar los trapos sucios al sol no te resulte problemático. Pero las relaciones familiares son complejas. A menudo la misma gente que te hizo daño también te quiso y tú los quisiste a ellos. Es muy posible que desees que sigan formando parte de tu vida.

La mayoría de las clases y los libros sobre cómo escribir memorias recomiendan que te olvides de este miedo mientras escribes. Ya te ocuparás de ello durante la reescritura, te dicen. Quizás cambiarás algunos nombres y fechas, o bien oscurecerás algunos hechos.

En teoría suena muy bien, pero en la práctica solo puedes oscurecer los hechos hasta cierto punto. Si tu hermano abusó de ti o tu madre era drogadicta y te maltrataba, no podrás disimularlo. Son circunstancias que te formaron y que tendrán que salir a la luz cuando trates de explicar tu historia.

Te puede ayudar pensar en autores que han publicado excelentes memorias que contienen verdades incómodas, y que han lidiado con este problema valerosamente, aunque desde distintas perspectivas y con diferentes resultados.

Mary Karr: Memorias sinceras y perdón

“Les debes a tus lectores toda la verdad que puedas exprimir de tu interior.” —Mary Karr, The Art of Memoir

Mary Karr es un excelente ejemplo de una autora que dice la verdad sin tapujos. En sus primeras memorias, The Liars’ Club (El Club de los Mentirosos), habla largo y tendido sobre su madre, que era alcohólica y mentalmente inestable, y sobre el infierno que ella y su hermana vivieron durante su infancia. Sin embargo, su madre acaba resultando un personaje genial debido a su creatividad y originalidad (al menos, yo lo vi así).

Karr se aseguró de que sus memorias fueran verídicas. Por ejemplo, le mandó el manuscrito a su hermana para comprobar que las cosas realmente sucedieron como ella las recordaba. También se trató a sí misma con la misma implacable veracidad.

“El verdadero enemigo de tus memorias está parpadeando y mirándote desde el espejo mientras te pasas el hilo dental por la noche. Es tu ego ignorante y todas sus máscaras.” —Mary Karr, The Art of Memoir

Yo enfrento los mismos temores a la hora de escribir mis memorias. Admiro a Mary Karr, porque no solo perdonó a su madre (quien más adelante dejó el alcohol y se estabilizó), sino que acabó teniendo una relación muy cercana con ella.

Como mi familia sigue siendo importante para mí, encuentro que este es el camino ideal. Tener el valor de compartir con mis seres queridos de antemano lo que estoy escribiendo en lugar de perpetuar la arraigada tendencia familiar al silencio y a cultivar secretos. No dejar caer un libro como una bomba. (Quiero clarificar que mi infancia no fue tan traumática como la de Mary Karr, pero tuvo sus momentos dolorosos, como le sucede a casi todo el mundo.) Quiero sentir y mostrar compasión. No hay necesidad de presentar a nadie como un demonio. Todos son seres humanos, con sus defectos y debilidades, como yo misma.

Julia Scheeres: Caiga quien caiga

También está el acercamiento opuesto, que resulta admirable cuando las circunstancias lo ameritan. En sus estremecedoras memorias, Jesus Land, la autora Julia Scheeres revela el cruel maltrato que ella y sus dos hermanos sufrieron a manos de sus padres, que eran cristianos fundamentalistas. Los padres también enviaron a Julia y a su hermano David a una escuela cristiana para reformar chicos descarriados. En la Escuela Caribe, localizada en la República Dominicana, el personal maltrataba física y psicológicamente a los alumnos.

Estas estrictas figuras autoritarias no tienen ninguna cualidad que las redima. Scheeres revela la verdad de su salvaje abuso, sin importarle las consecuencias. Y hubo consecuencias serias. Su libro suscitó una campaña por Internet realizada por los antiguos alumnos de la Escuela Caribe, quienes hicieron público su historial de maltrato infantil. La escuela cerró en 2011. Además, Scheeres no ha vuelto a ver a sus padres desde que el libro se publicó. Pero, ¿quién podría culparla, dadas las circunstancias?

Mientras medito sobre el miedo a decir la verdad, y la posibilidad de abrir las heridas del pasado, me consuela ver los árboles en invierno. Se ven desnudos y austeros, pero el intricado encaje de sus ramas desnudas es lo que permite que su frondoso follaje vuelva a salir en primavera.

¿Necesitas ayuda para planear o escribir tus memorias? Contacta con Isidra para hablar de tu proyecto.