Por dónde empezar a contar tu historia

Memorias: Por dónde empezar a contar tu historia

Recientemente hice una encuesta entre los lectores de este blog. Les pregunté, entre otras cosas, qué retos enfrentaban al escribir sus memorias. La mayoría (57%) dijo: “No sé por dónde empezar”. Y es que decidir por dónde empezar a contar tu historia no es cosa fácil.

Una historia que se cuenta cronológicamente, desde el nacimiento hasta la actualidad, no siempre es la más interesante. Fácilmente podría convertirse en una lista de hechos: “Pasó esto, después pasó aquello, luego pasó lo de más allá…” A no ser que tu escritura sea genial y tu voz muy única, tus lectores podrían aburrirse.

Es preferible empezar por un momento que recuerdas vívidamente y que es muy significativo para ti. Es decir, empezar por algo que te marcó o que te define como persona. Eso cumple dos propósitos fundamentales:

  1. Si describes ese momento con todo lujo de detalles, usando todos tus sentidos —qué viste, oliste, tocaste, oíste, saboreaste— tu lector lo experimentará en carne propia. Captarás su interés desde la primera página porque tus emociones cobrarán vida de manera sensorial.
  2. Ese momento intenso puede servirte para definir tu tema central. Por lo general el tema implica algún tipo de búsqueda o conflicto que, a lo largo del libro, se irá resolviendo. El lector quiere saber cómo resolverás el conflicto o si encontrarás lo que andabas buscando, y seguirá pasando página tras página.

Por dónde empezar a contar tu historia: dos ejemplos

 

Vivir para contarla, de Gabriel García Márquez

La primera frase de las memorias de García Márquez no nos dice cuándo o dónde nació.

Es esta: “Mi madre me pidió que la acompañara a vender la casa”.

García Márquez aparece ya con 22 años, trabajando en un periódico por cuatro chavos, medio muerto de hambre, y escribiendo sus primeros relatos. El primer capítulo cuenta el viaje en barco con su madre a Aracataca  —que se convertiría en el mítico Macondo—, y la visita al pueblo, en el que no había vuelto a vivir desde los 8 años.

¿Por qué empieza sus memorias precisamente por ahí? Porque, según nos dice en las primeras páginas, ese viaje determinó el resto de su vida como escritor. Y es precisamente ese el tema de sus memorias: su lento e inexorable camino para ser escritor, a pesar de la oposición de su padre, que quería que continuara con sus estudios (el conflicto).

“Ni mi madre ni yo, por supuesto, hubiéramos podido imaginar siquiera que aquél cándido paseo de solo dos días iba a ser tan determinante para mí, que la más larga y diligente de las vidas no me alcanzaría para acabar de contarlo. Ahora, con setenta y cinco años bien medidos, sé que fue la decisión más importante de cuantas tuve que tomar en mi carrera de escritor. Es decir, en toda mi vida”. 

García Márquez consigue los dos objetivos que mencionábamos arriba:

1) Narra el viaje y su reencuentro con Aracataca con todo lujo de detalles y nos transporta allí. De hecho, nos emocionamos al reconocer tantos personajes y lugares del Macondo de Cien años de soledad.

2) Establece el tema central de sus memorias (su carrera de escritor) y el conflicto que vivió en sus comienzos (oposición paterna y pobreza).

Una vez hecho esto, va y viene desde el presente al pasado, pero relata su historia de forma bastante cronológica.

Come, reza, ama, de Elizabeth Gilbert

Gilbert empieza con un prólogo que explica la estructura de su libro (tiene 108 episodios que reflejan las 108 cuentas de un rosario budista) divididas en tres partes de 36 episodios cada una. También nos dice cuál es su tema: “la búsqueda del equilibrio”.

Empezar unas memorias con un prólogo que detalla explícitamente el tema es bastante común. Aquí, sin embargo, me quiero centrar en el auténtico comienzo de la historia, o sea, el capítulo 1.

Esta es la primera frase: “Ojalá Giovanni me besara”.

¿Quién es este Giovanni? Ni idea. Hemos de seguir leyendo para enterarnos. Las memorias empiezan, como las de García Márquez, in media res, es decir, en la mitad del asunto, no por el principio. Este es un recurso muy común tanto en memorias como en ficción, porque llevas al lector inmediatamente a un punto interesante.

En el capítulo 1 Gilbert nos explica que Giovanni es un joven italiano con el que hace intercambio de conversación italiano-inglés mientras vive en Roma. No van más allá porque ella está en medio de un año de celibato tras un devastador divorcio. En el 2, vuelve atrás para relatar la historia del divorcio y la depresión que le inspiró a dejarlo todo y pasar un año viajando.

En muy pocas páginas nos ha dado muchísima información, incluyendo el tema y quién es ella. Pero lo ha hecho empezando desde una escena concreta y un conflicto. En lugar de empezar hablando de su divorcio, empieza con ella frente a Giovanni, que es diez años más joven y muy guapo. Se muestra luchando interiormente entre su deseo de no estar sola y su compromiso de seguir célibe para centrarse en su búsqueda de la paz interior y el equilibrio.

El comienzo de TU historia

Como habrás observado, para decidir por dónde empezar a contar TU historia, necesitas saber cuál es tu tema principal. O bien cuál es el conflicto que a lo largo de tu vida has tratado de superar. Una vez sepas esto, haz una lista de los recuerdos más vívidos que giran en torno a ese tema. Elige aquél que muestre ese tema o conflicto con mayor claridad y empieza por ahí. Luego puedes volver hacia atrás, y relatar tu vida en orden cronológico, o bien saltar más en el tiempo, del presente al pasado.

Fíjate que tu historia puede abarcar toda tu vida, como la de García Márquez (aunque siempre gira sobre el tema central de su desarrollo como escritor), o bien seleccionar una etapa muy concreta de tu vida (un año, en el caso de Gilbert). Pero independientemente de cuánto tiempo abarque, empieza siempre por un momento significativo e interesante que diga mucho sobre quién eres.

Es lo que la agente literaria Paula Balzer llama el momento del descubrimiento. Ese momento en que todo empezó o cambió para ti. Quizás es el día que descubriste que tu matrimonio se había acabado. O que tu padre tenía una amante. O que tuviste un accidente de coche casi mortal que te cambió la vida. Quizás es algo menos llamativo pero igual de poderoso: aquel día que te miraste al espejo y te viste la primera pata de gallo, o sea, descubriste que ya no eras joven.

Agarra ese momento, escríbelo con maestría y arranca desde ahí el hilo de tu historia.

Si no lo has hecho todavía, no olvides contestar la encuesta sobre los temas que más te interesan sobre la escritura de memorias. Me ayudarás a seguir creando contenido para guiarte en tu camino.

Foto de Jens Lelie, via Unsplash.